A pesar de ser nuestro país vecino, Portugal no deja de sorprendernos por su cultura, arquitectura, gastronomía, y la simpatía de su gente.

El viaje comenzó a primera hora de la mañana del viernes. Fue todo un reto madrugar tanto después de darlo todo en Hoyo… ¡pero nadie estaba dispuesto a quedarse dormido!

Después de 6 horas de bus, que se pasaron rápido entre siestas y karaokes, llegamos a Sintra, nuestra primera parada. Sintra es una ciudad turística muy cerca de Lisboa, famosa por sus villas y palacios. Verdaderamente parecían sacados de un cuento. Entramos todos juntos en Quinta Da Regaleira, y sus jardines, torres y pozos nos conquistaron.

Después de esta visita y un poco de tiempo libre volvimos al bus para poner rumbo a Cabo da Roca, un bellísimo acantilado, conocido como el extremo más occidental de Europa. Casi salgo volando del viento que hace allí siempre, pero las vistas merecían mucho la pena.

Después de la puesta de sol, volvimos al bus para llegar finalmente a Lisboa. Nuestro hostel estaba situado en el Barrio Alto, un sitio privilegiado pero…¡lleno de cuestas! Después de hacer el check-in, cenar, y descansar un rato, vino uno de nuestros padrinos de ESN Lisboa para llevarnos de fiesta . Tuvimos mucha suerte porque llegamos en plena Welcome Week de Lisboa, y nos tuvieron preparada una fiesta inolvidable llena de erasmus.

La mañana siguiente teníamos tiempo libre hasta la hora de comer. Algunos remolonearon en la cama y otros se despertaron temprano para explorar la ciudad. La ciudad estaba ya de carnavales y con suerte mas de uno se cruzó con un pasacalles de cabezones, bandas y gente disfrazada. Después de comer peixe grelhado, muy típico de Portugal, quedamos con nuestros padrinos de ESN Lisboa para que nos mostraran los rincones más bonitos de la ciudad. La visita acabó en el Mirador de Santa Lucía, con unas vistas espectaculares de la ciudad.

Después fuimos al hostel a ponernos guapos porque teníamos cena en All Saints, donde pudimos degustar dos de los platos más típicos del país vecino: Bacalao gratinado, y carne a la portuguesa. Para terminar la noche fuimos a la discoteca Urban, la más famosa de Lisboa, a darlo todo.

El domingo tocó madrugar un poco, pues teníamos que hacer el check-out. Ya en el bus nos dirigimos a Belem. A pesar de estar un poco alejado es un barrio de Lisboa, famoso por ser de donde partían los exploradores portugueses a las Américas. Allí vimos la Torre de Belem, el Monumento a los Descubridores, y el Monasterio de los Jerónimos. Después de comer, y degustar sus famosos pastelitos, volvimos al bus para emprender la vuelta a casa.

Nuestro país vecino nos ha encantado. Ha sido un fin de semana intenso pero increible, y yo por lo menos ya estoy deseando volver.

¡Nos vemos pronto!

Silvio Sevilla